Mi nombre es Ornella. Nací en Buenos Aires y, desde que tengo memoria, mis manos siempre estuvieron ocupadas en algo.
De chica, cualquier palito de helado, caracol de la playa o hilo suelto era un tesoro en potencia. No era solo manualidad; era mi forma de entender el mundo: si podía desarmarlo y volver a unirlo, entonces era mío.
Crecí entre talleres de plástica, danza, teatro y máscaras de cartapesta, convencida de que el universo entero podía resumirse en el detalle de un objeto pequeño. Recuerdo especialmente cuando, a mis once años, armé un barrilete en el taller del barrio. Después de varias clases, ese esqueleto frágil cobró vida y un domingo, en el parque, lo vi elevarse adueñándose del cielo. En ese vuelo, entre el asombro y el orgullo, sin saberlo, comenzaba este camino.
Hoy, después de años entre limas, sopletes y el caos hermoso del taller, esa nena sigue ahí, pero con herramientas más ruidosas y técnica aprendida.
Me formé en el Fernando Fader y en la Escuela de la Joya Sergio Lukez, además de compartir el oficio con maestras y maestros que me enseñaron el valor del trabajo artesanal y el amor por el metal. Lo que me mueve hoy es crear joyas que cuenten historias.
Lejos de buscar la perfección, hacer joyas es, para mí, transformar lo cotidiano en algo especial, es dar vida. Es seguir buscando ese brillo que encontraba de chica, tomando el impulso lúdico de la infancia y fundiendolo con el oficio para convertir materiales en piezas que acompañen, que se hereden y que tengan alma. Te invito a descubrirlas y a encontrar ese tesoro que te acompañe en tu propia historia. ✨
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